Dominando te imploro. Dominando.
Te huelo y te llevo con decretos.
Deshaciendo palabras. Ofreciendo.
Con crespos, desnuda. Enviciando.
Con los ojos, tus ojos, socavando.
Recorriendo mis muslos. Apareciendo.
Siendo uno, tú. Contigo siendo.
Lo más informal y familiar. Actualidad. Desarrollo. Futuro. Precisión.

Era una de esas madrugadas en las que me despertaban las llamadas de abuela y abuelo. También mis tíos. Todos ellos vivían en el imperialismo del dólar, nosotros en el país del azúcar y las caminatas intempestivas. Mi mama me despertaba, corre, corre, son tus abuelos. Con los ojos entreabiertos veía a mi madre hacer muecas, procurando que no les pidiese nada. Transcurría la conversación con unos abuelos cariñosos a los que no podía tratar con la confianza que hubiese querido. Lo primero porque es importante el roce, y lo otro, por no traicionar a la revolución. Qué es eso, andar de pedigüeños con ese roce partido en el 61 y yo aún no nacida. A dónde fue a parar la familia. La familia que te abandona. Y tú abandonando a la familia.
La integración a ese proceso de revolución involucionada te halaba y destruía por momentos, en su impacientada ambigüedad. Conscientes e inconscientes. Feroces artefactos con diseño anticipado. Presos de una realidad que no recicla monedas. Caderas contorneando cerebros necios.
Hoy me alegro que los cubanos viajemos de aquí a allá sin saber si ocurrirá a la inversa. Hoy quisiera que mis amigos vuelen, sin pesadilla adquirida. Que podamos ser uno. Hoy me muero de ganas de ver a mi padre y tomarme el café mañanero frente al mar, con su voz casi en un susurro, diciéndome, saluda a la Virgen de Regla.

Donde las hojas no han caído,
allí vives. Donde el corazón adquiere,
procrea y respira, retozas.
¿Por qué no te dije que existías?
Transformándome en mar, abonas.
Me entiendes, me inclinas.
Dominas, embelesando destinos,
Aglutinándote en mundos, siendo tú
Siendo, volviendo a mí, volviendo.
Labios eternos, reconociendo,
En Sevilla, aquí, eres tú.
Vas a ser tú, siendo yo.
Hoy me desperté más gorda que nunca. Es una de las sensaciones más desagradables no sólo por lo estético, sino por lo poco saludable del asunto. A más gordura menos salud, eso no falla. Entonces ya sí me veo escribiendo esto pues me lo tomo más en serio.
Después de leer unos cuantos artículos de estilos de vida, después de hacer unas cuantas dietas, decido recopilar lo mejor de todas y retomar lo que ha sido realmente efectivo.
A pesar de que lo ideal sería fluir en la comida que quieras, la cantidad deseada y tener en casa esa habitación sagrada con una buena máquina de liposucción ahí divina, chupándote cada pedazo adicional, no deja de ser utópico. Al menos por ahora la plata no acompaña al deseo y hay que joderse un poco con lo tradicional.
Empezaré a consumir más agua, menos alcohol…ay, ese vino, no sé qué hacer con él. Se fueron del aire en este momento, el arroz, las pastas, azúcar y todos los dulces. También las porciones son parte fundamental de tener un peso adecuado. El plato de postre es el perfecto para las cantidades.
Entonces me daré un gustazo cualitativo venenoso en el weekend, no cuantitativo porque voy a seguir en el platico miserable del postre pero sí le daré al paladar esos gusticos ricos dosificados.
Esta es la dieta que haré por si la quieres seguir y en un mes nos pillamos.
Una que otra mañana exprime un limón en un vaso de agua y empieza la mañana con eso. Desayuna lo mismo de siempre, pero llevándolo a la mitad. Si es un vaso de café con leche, toma medio. Y así sucesivamente. Seis porciones al día sería lo ideal. Esto ayuda a mantener tu metabolismo activo. A media mañana, alguna fruta o un yogurt, semillas, algo ligero. Almuerzas la mitad de lo que realmente comes. En la tarde otra cosita para entretener ese estómago. Y en la noche algo ligero que contenga proteínas y vegetales, un filetillo de pescado con lechugas. Tomar cuantos té e infusiones te parezcan, reducir el consumo de café.
No creo en dietas drásticas porque a nada que hagas de esa manera le sacas el mayor provecho.
Mucha agua, y ejercicio el que menos resistencia te haga. El baile, que es mi vida, lo haré tres o cuatro veces a la semana, una horita. Mucho sexo …lol…mucho amor y comprensión y como dicen en Cuba, suavecito pa’ que se te dé.